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UshuaiaSabado 25.09.2021

Alejandro Rojo Vivot: El tiempo, las cuarentenas y la pandemia

Por:  Alejandro Rojo Vivot

“(Londres, 1665) Contra la infección él nunca usó otro preventivo que el de mascar ajo y ruda y fumar tabaco, según me contó. El remedio de su mujer consistía en lavarse la cabeza con vinagre y en salpicar también con vinagre la cofia, de modo que siempre estuviera húmeda, y si el mal olor de algunos de los que ella cuidaba era particularmente intenso, aspiraba más vinagre, volvía a salpicarse con éste la cofia y se tapaba la boca con un pañuelo humedecido igualmente en vinagre.

Debo confesar que aunque la peste arreciase con mayor violencia entre los pobres, éstos eran los más osados y los que menos la tenían, e iban a sus ocupaciones con una especie de valor irracional, es así como debo llamarlo, pues no tenía su fundamento ni en la religión ni en la prudencia. Apenas si tomaban precauciones, y se metían en cualquier parte donde pudieran conseguir trabajo, aunque fuera el más peligroso, como cuidar enfermos, vigilar casas clausuradas, llevar personas contaminadas al hospital de apestados, y lo que era aún peor, llevar a enterrar a los muertos”. (1722) (1) 

                                                                                                                               Daniel Defoe (1659-1731)


A las prolongadas cuarentenas, superando ampliamente los cuarenta días, decididas por unos pocos, son transitadas, por cada persona, de muy diversas maneras donde los respectivos contextos individuales, familiares, habitacionales, situaciones económicas, edad, etcétera, intervienen muy particularmente. En todos los casos, salvo alguna rara excepción, son experimentadas con un gran esfuerzo con sus altibajos, a veces con reacciones infrecuentes en otras circunstancias, etcétera, incluyendo acusaciones infundadas y estereotipadas a vecinos de estrecha relación como, por ejemplo, atribuir al personal que trabaja en ámbitos de salud que contagian a los habitantes de los edificios que comparten como vivienda, cuando el día anterior los vitorearon desde los balcones con manifestaciones de adhesión por la labor que realizan.
 

SEPARANDO LAS AGUAS

Aunque la vida continúa durante las cuarentenas, es notorio la cantidad de sujetos que descuidan aspectos de su salud como los controles de enfermedades, demoras en decidir llevar adelantes indicaciones médicas, incluyendo las propias de enfermedades preexistentes.

Asimismo, con alguna frecuencia, las relaciones familiares y de amistad bajan notoriamente tanto en la frecuencia de los contactos aunque sean telefónicos como en la calidad de los mismos: conversaciones monotemáticas, más mensajitos breves que video conversaciones, etcétera.

¿Hay quienes acrecentaron las horas dedicadas a la lectura de estudio y recreación o solamente aumentaron el tiempo frente a los televisores?

El transcurrir del tiempo es percibido casi de forma intransferible por cada individuo, más allá del avance común de las horas.

Además, en cuanto a los plazos sucede otro tanto ya que es absolutamente muy distinto dos años de cuarentena para quien tiene una expectativa de vida de décadas por delante del que puede contar en años esa misma situación.

Al respecto, Thomas Mann al final de su extensa ficción cuya historia transcurre durante una epidemia y la Primera Guerra Mundial, apuntó “El tiempo, que no era de la especie del tiempo medido por los relojes de las estaciones, cuyas agujas avanzan por sacudidas de cinco minutos, sino más bien el tiempo de los pequeños relojes, cuyo movimiento de agujas permanece invisible, o de la hierba, que ningún ojo ve crecer a pesar de que continuamente crezca, el tiempo –una línea compuesta por puntitos sin extensión- había continuado arrastrándose invisible, secreto y, sin embargo, activo, produciendo cambios”. (2) 


OTRO APORTE

Es interesante traer a colación la novela del destacado y multipremiado traductor del ruso, dramaturgo y escritor británico (3)   Michael Frayn, (1933) “Una vida muy privada” (A Very Private Life). (1968). (4) 

Desde una perspectiva moral, nos presenta en una gran sátira, a mitad del Siglo XX, una sociedad encerrada en sí misma donde una parte posee todos recursos disponibles permaneciendo recluidos en sus viviendas, mientras la otra carece de las cuestiones más elementales estando en contacto directo con las contingencias sociales, económicas, etcétera.

Esa división a rajatabla, como podría ser entre actores y público, hace que las perspectivas y posibilidades de desarrollo individual sean bien distintas, como lo es en la actualidad, entre los que deciden y gobiernan y los que acatan, aun sabiendo que algunos poderosos evaden a sabiendas, con el dedito levantado e ínfulas, lo que indican como obligatorio y penado por ley.

En la ficción todos están intercomunicados mediante aparatos tridimensionales denominados “holovisión”.


LAS FICCIONES LITERARIAS

Muchas novelas y cuentos son, además de sus valores propios, magníficas oportunidades para las reflexiones sobre cuestiones más variadas.

La célebre “El lobo estepario” (Der Steppenwolf) (1927), del prolífero escritor y Premio Nobel de Literatura (1946), nacido en Alemania, Hermann Karl Hesse (1877-1962).

En sus páginas, a veces surrealistas, nos relata un “Teatro Mágico” y los avatares del protagonista principal en su mundo aislado de quienes lo rodean, mientras una parte de la sociedad se desarrolla durante los años locos entre las dos guerras mundiales.

El lobo es un solitario en las estepas tan poco proclives a la vida exuberante; casi pareciera, como muchas personas en las cuarentenas y el constante peligro a la muerte por la epidemia, mientras otros concentraban poder político personal, disfrutaban de privilegios nada más que por pertenecer a grupos partidarios: vacunación adelantada, fiestas prohibidas, ejercicio de autoritarismos, etcétera.

“Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en fondo era, en verdad, un lobo estepario. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: estar satisfecho de sí mismo y de su vida. Esto no pudo conseguirlo. (…)

La soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y condenación (…)

Y no es que fuese odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. (…)

Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud un apartamiento del mundo que lo rodeaba (…)”. (5) 

 

NOTAS Y REFERENCIAS

1) Defoe, Daniel. Diario del año de la peste. Ediciones B. Página 144. Barcelona, España. Junio de 1998.

2) Mann, Thomas. La montaña mágica. Plaza & Janés Editores. Séptima edición. Página 964. Barcelona, España. Febrero de 1998.

3) También es un exitoso autor teatral “Democracia”, “Entre telones” “Copenhague”.

4) Frayn, Michael. Una vida muy privada. Seix Barral. Madrid, España. 1972.

5) Hesse, Hermann. El lobo estepario. Santiago Rueda Editor.  Cuarta edición. Páginas 47, 52 y 53. Buenos Aires, Argentina. Enero de 1967.