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UshuaiaSabado 23.10.2021

Alejandro Rojo Vivot: Los prejuicios

Por:  Alejandro Rojo Vivot
“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
                                                                                   Albert Einstein (1879-1955)


Muy probablemente, gran parte de los problemas a que se enfrentan las minorías sociales están, en definitiva, centralizadas en los prejuicios.

Es importante recordar que la sociedad se va conformando dinámicamente a través de los más diversos grupos y subgrupos poblacionales. Éstos, a veces, padecen situaciones de menoscabo comunitario, transformándose en minorías sociales. Téngase presente que el concepto de minoría no está referido a lo cuantitativo sino a la capacidad limitada de ejercer el poder o influencia en el contexto donde se desarrolla su vida.

Pongamos por caso, en muchos países incluyendo Argentina, las mujeres, a pesar de ser más del 50% de la población, todavía deben bregar por la igualdad de oportunidades y, frecuentemente, enfrentar a graves situaciones de discriminación.

Otra cuestión principal es que, por lo menos, las manifestaciones prejuiciosas no tienden a disminuir y continúan profundizando y diversificando. También ha quedado en clara evidencia que ante conflictos o crisis de las más disímiles características resurgen a la superficie aberrantes actitudes prejuiciosas. Esto es muy notorio durante el desarrollo de la pandemia del Coronavid-19, algunas de las políticas públicas tan ineficientes, el acrecentamiento del autoritarismo, los chivos expiatorios, los mentirosos seriales evadiendo responsabilidades propias, etcétera.

El odio racial y la xenofobia, entrado el Siglo XXI, siguen cobrando centenares de miles de vidas inocentes como las de los niños.

 
EL SER HUMANO ES ÚNICO E IRREPETIBLE

El menoscabo es una afrenta a la condición humana, de ahí el encuadre de esta cuestión en la Declaración Universal de Derechos Humanos (N.U., 1948). Además, en muchos países, por ejemplo la discriminación, la xenofobia y el racismo son delitos tipificados y causas agravantes cuando están presentes en otros casos penables.

Por otro lado, los prejuicios implican también depredación en la calidad de vida de los directamente afectados y de la comunidad de pertenencia, tanto en los aspectos psicológicos como en los culturales, sociales y económicos.

Por caso en Argentina, durante las interminables y poco eficaces cuarentenas, muchos miembros de grupos vulnerables como aborígenes, adultos mayores, analfabetos, desempleados crónicos, habitantes de villas de emergencia, etcétera, sufrieron intentos por parte de algunas autoridades en relegarlas a instancias menos prioritarias, mientras otros se preocupaban por los agapantos florecidos, el horario de cierre de una heladería, la vacunación de parientes y amigos sin respetar los protocolos, etcétera.
 

HISTORIA RECIENTE

Recuérdese por caso, lo entrado del Siglo XX en que las personas negras fueron aceptadas por primera vez como jugadores en los equipos de básquet que integraban las ligas nacionales en Estados Unidos de Norte América; además de la discriminación, la injusticia, el limitar la carrera deportiva y laboral a muchos individuos, también implicó un notorio retraso en el desarrollo de esa práctica, inferioridad en la calidad del espectáculo y, desde luego, disminución en las ganancias. Es decir, debió pasar mucho más de un siglo de la guerra de secesión para que el deporte profesional en USA aceptara a regañadientes, en igualdad de condiciones, a todos los que lo practican. Incluimos al público que lo aceptaba concurriendo a los encuentros segregados.

 
HACE MUCHO

A título de ejemplo de lo ancestral de los antecedentes de algunos prejuicios observemos lo que relata David Landes: “en 1453, cuando los otomanos capturaron Constantinopla y pusieron fin al Imperio romano, doblaron las campanas y los fieles se lamentaron en cortes e iglesias que se encontraban a miles de kilómetros de distancia. En ese momento, los turcos dominaban tanto territorio en Europa como en Asia, eran vistos y temidos como los que levantaban la espada islámica contra la cristiandad. Los turcos se transformaron en los nuevos monstruos, su nombre era sinónimo de ‘bruto’ o ‘salvaje cruel’. Los blancos de las ferias ambulantes, ‘tetes de Turc’ (cabeza de turco), tenían turbantes y largos bigotes. Desde entonces, la expresión se ha reducido a una metáfora; tete de Turc significa ahora un objeto de burlas y bromas. En las escuelas, los niños debían resolver problemas tratando de encontrar la manera más eficiente de deshacerse de los pasajeros turcos en un barco que se hunde.

Estas percepciones hostiles (temerosas) y las agresiones intermitentes fueron las marcas fehacientes de una inquieta frontera cada vez más cercana. La caída de la gran ciudad, ‘La Ciudad’ (que nos da el nombre Estambul), constituyó uno de los acontecimientos funestos de todos los tiempos, que cambió la historia de maneras que aún se tratan de resolver quinientos años después, tal como lo demuestran las luchas y escándalos de la llamada limpieza étnica de Bosnia en la actualidad”. (Landes, David S. La riqueza y la pobreza de las naciones. Javier Vergara Editor. Páginas 505 y 506. Buenos Aires, Argentina. 1999.)
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