Sáb. 31.10.2020
Entrevista  |  12 de Jul. 2012

A dos años del matrimonio igualitario

Osvaldo Lopez: “Hemos conquistado mayores niveles de libertad”

Por: Andrés Fidanza (NEWSWEEK Argentina)
Julio César Cleto Cobos le consultó aburridamente, aunque en nombre de la patria, si juraba trabajar como es debido y actuar conforme a lo que indica la Constitución. En realidad el piloto automático de Cobos se debía, entre otras cosas, a que el evento no daba margen para salirse del protocolo, porque la muerte del senador fueguino titular en un accidente de tránsito obligaba a la circunspección. Y en ese marco extra formal, su reemplazante en la banca, Osvaldo Ramón López, diputado provincial hasta aquel momento, optó por un traje oscuro y también se limitó a la respuesta de ocasión: "Sí, juro", le prometió a Cobos, a la patria y a sus nuevos colegas presentes en el hemiciclo. Después, ofrendó beso y abrazo a su referente político nacional, el diputado Martín Sabbatella. Le dio otro a la gobernadora de Tierra del Fuego y ex aliada política, Fabiana Ríos. Y hubo uno último para un muchacho muy orgulloso y sonriente llamado Javier Calasiya. Para más detalles: 28 años, jujeño, compañero de militancia y esposo de Osvaldo López. Así, hace casi un año y a partir de una ceremonia más bien sobria, los argentinos dimos con nuestro propio Harvey Bernard Milk, aquel político estadounidense que fue el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido para un puesto público. Pero el abogado y senador nacional Osvaldo López le dio rango institucional al currículum maldito, y así superó la marca del estadounidense. Porque además de ser de izquierda, gay confeso y ejercer un cargo electivo, nuestro Milk kirchnerista lleva una alianza dorada en el dedo anular de la mano izquierda. Y es el primer político latinoamericano que se anima a exhibir tal combo, en el que se cruzan las elecciones de la vida pública, la privada y el valor de la libertad.
 
En breve, y para continuar con esta demolición récord de tabúes sociales, López quizás empiece los trámites de adopción. "Sería muy lindo", se entusiasma este hombre de 40 años nacido en un pueblito llamado Malabrigo, en Santa Fe, pero incorporado desde 1998 a la vida política de Río Grande como abogado de la CTA. Pero no apuremos la paternidad del senador. Enfoquemos, primero, en el próximo domingo 15 de julio, cuando la ley de matrimonio igualitario cumpla dos años en funciones. Y si bien a lo largo de sus cinco años como pareja estable, López y Calasiya nunca habían considerado ni idealizado la posibilidad de casarse (el razonamiento era "así estamos bien" y "los papeles poco importan"), cambiaron de planes una vez sancionada la ley. En las tarjetas de invitación a la fiesta de casamiento sintetizaron las razones del cambio de opinión: "Hoy que podemos… nos casamos".
 
Fue una forma de homenajear a quienes lucharon duro por alcanzar tal derecho. Una lucha que nunca ocupó la centralidad de la agenda política de López. Porque ni él ni Casasiya encarnan el esteretipo del militante por los derechos de los homosexuales. Y en ese complicado equilibrio entre no ocultar quién es, y predicar desde la política con un ejemplo libertario, pero a la vez no convertir esa elección individual en una bandera exclusiva, el senador López siempre prefirió el perfil bajo. Pero ahora, en la semana en que la ley del matrimonio igualitario cumple dos años, el único legislador nacional casado con un hombre decidió hablar con Newsweek sobre su historia personal (bajo la convicción de que no es sólo la historia de una persona), sobre la hipocresía de muchos representantes públicos y sobre las internas crueles, y muy actuales, que se juegan las distintas fuerzas políticas que conviven en el kirchnerismo.
 
En términos de hábitos y actitudes sociales, ¿cambió algo desde el 15 de julio de 2010 a la fecha?
 
Sí, creo que sí. Las leyes son la desembocadura de un proceso, y a la vez marcan un hito en ese proceso, que apura otros cambios para después de la ley. La ley significa un momento dentro del proceso de cambio.
 
¿Un momento importante?
 
Sí, porque permite traccionar con más ímpetu ese proceso cultural. La ley da visos de institucionalidad y reconocimiento. Y no tiene que ver simplemente con conquistar espacios de tolerancia. Es muy diferente tolerar que institucionalizar.
 
¿Cómo se manifiesta eso en la vida diaria?
 
En que muchísimas personas hemos conquistado mayores niveles de libertad. No sólo ser y existir según uno elige, sino poder decirlo sin vacilación, sin inseguridad ni temor. Con orgullo y convicción. Y poder transmitirlo a cada uno con el que se compartan viviencias. Esas cosas van cambiando la cabeza de la gente. Porque desde que el mundo es mundo la diversidad existe, y es necesario que eso se reconozca. Inclusive a nuestros pibes les permite crecer con eso como un dato de la realidad, y no como algo que deban decidir si lo aceptan o no, si lo toleran o lo censuran.
 
¿La ley sirvió realmente para facilitar cuestiones prácticas de la conviviencia?
 
Las implicancias prácticas también fueron importantes. Porque uno puede decir que una relación de pareja o de amor no tiene nada que ver con los papeles. Pero lo cierto es que hay implicancias directas: la posibilidad de la cobertura social, el tema hereditario, la adopción, una serie de cosas que resuelven problemas cotidianos.
 
¿Siempre tuvo claro que quería casarse?
 
No, la verdad que no. Yo siempre tuve la posición de que si uno esta bien en la pareja, poco va a cambiar el hecho de un acta de matrimonio. Nosotros estábamos bien como pareja. Compartimos la vida familiar y un proyecto político. Y así estábamos insertados en nuestro medio.
 
¿Y qué cambió?
 
Vimos que detrás de ese logro había muchas luchas, mucho compromiso y sufrimiento. Y que había que darle la envergadura, utilizando la nueva ley y los nuevos derechos. Después vimos que aparte de homenajear a la militancia, nos resolvía cuestiones prácticas, y blanqueaba una situación de hecho existente. Si somos una pareja, porqué no podíamos ser un matrimonio como cualquiera, independientemente de nuestra orientación sexual. Y lo último fue que nos daba un motivo lindo para juntarse y festejar.
 
¿Cómo maneja el hecho de que las decisiones de su vida personal carguen con una dimensión pública y política?
 
Teniendo en claro que se trata de la conquista de mayores niveles de igualdad. Si uno realmente está convencido de que tiene que ver con la igualdad, todo se clarifica. Además, si cualquier diputado o senador se puede casar, ¿por qué yo no? ¿Por qué mi casamiento es más noticia que el de cualquier otro?
 
Por la novedad.
 
Sí, porque era la primera vez que un funcionario electo contraía matrimonio. Pero es diferente el enfoque de uno al del periodismo. Igual nunca nos molestó, pero tampoco fue nuestro objetivo mediatizarlo ni esconderlo. Sí tratamos de no quedarnos en ese tema, porque yo no ejerzo la representación popular militando exclusivamente en temas de diversidad sexual.
 
Casi no hay políticos que hablen de su propia homosexualidad. Y es una evidencia estadística que usted no es el único dirigente homosexual…
 
Sí, es algo que existe desde que el mundo es mundo.
 
¿Por qué entonces no hay más dirigentes que hablen con confianza sobre su orientación sexual? Algo que podría alentar a otros a no vivir escondidos.
 
Puede ser que todavía haya temores, inseguridades. Pero ojo, a uno lo tienen que juzgar por su actuación política y no por su vida íntima. Ahora, si algunos hacen una ecuación costo-beneficio y piensan que eso los puede perjudicar, son valoraciones que tendrán que explicar. Porque uno no puede estar en un lugar en función de lo que no es. No es saludable para nadie.
 
¿Por qué?
 
Porque tener un pueblo libre es tener individuos libres dentro de ese pueblo. Tener un pueblo con identidad, significa tener hombres con identidad plenamente asumida. No se puede, por ahorrar costos, mentir o vivir una doble vida. Si hay que pagar costos, se pagan. Lleguemos a donde lleguemos, tenemos que llegar siendo quienes somos.
 
¿Le molestó que durante el debate por la ley del matrimonio o de la identidad de género no hubiera más políticos que salieran del closet?
 
No me dió bronca porque uno tiene que ser respetuoso de esas decisiones, porque uno no está en el cuero del otro.
 
¿Qué le generó entonces?
 
Me dio pena. Creo que cualquier persona que no es libre debe darnos pena o preocuparnos. Si uno pudiera ayudar a que todos seamos más libres, y no solo en este ámbito, debería hacerlo. Bronca no porque son situaciones que uno conoce y sabe que están. Ha sido históricamente un tema tabú, y hay actores como la Iglesia que han contribuido a aumentar esos temores. Inclusive siendo parte de la hipocresía, porque en esos ámbitos también hay diversidad, aunque no se reconozca.
 
Cuando se encuentra con alguien prejuicioso, ¿le interesa hacerlo cambiar de opinión?
 
Es parte de nuestra militancia, por más que me da igual si uno quiere cambiar o no su manera de pensar, abrir su mente o progresar. No es algo que me preocupe.
 
¿Qué hace para relativizar los prejuicios del otro?
 
Trato de mechar cosas en las conversaciones, para que no quede en el olvido.
 
¿Por ejemplo?
 
Si pasa una mujer vistosa y alguien me hace un comentario, porque quizás no se acuerda que no le puedo ser muy cómplice, en vez de mantenerme al margen le digo: "Pero fijate que ahí también pasó un muchacho que está interesante". Eso sirve para consolidar la apertura mental a nuevas realidades.
 
¿Cuándo se dio cuenta de que era gay?
 
Creo que eso se define a partir de los 3 o 4 años. Ahí uno elige. Después uno va aprendiendo de a poco la envergadura y los alcances. Por supuesto que con mucho interrogante. A veces ni siquiera con la posibilidad de preguntar. Y en la medida en que se clarifica el panorama, hay que asumirlo. Porque en algunos casos la toma de conciencia provoca una crisis que puede terminar en la autocensura y hasta quizás en el suicidio. En mi caso se dio en paralelo la toma de conciencia y la aceptación orgullosa.
 
Para la adolescencia ya lo tenía claro.
 
Sí, a los 11 o 12 años ya sabía que mi vida pasaba por ahí. Sabía que iba a estar en pareja con un hombre o solo, pero que no iba a estar con una mujer, más allá de si lo decía o no. Y cuando tuve eso definido, empecé a ver qué perfil de hombre me atraía. A mi me pasó que el ideal de pareja resultaba ser un espejo de lo que es mi padre.
 
¿Cómo se le contó a su padre?
 
No son cosas que se hablan en forma expresa en familias humildes como la mía, de trabajadores rurales en un pueblo. Las cosas se intuyen. Cuando yo tenía siete años pensaba que capaz engañaba a mi padre. Pero el padre se da cuenta. Eso lo puedo ver hoy. La comunicación y la aceptación se dio siempre por la vía de los hechos.
 
¿Cómo conoció a su esposo?
 
Militando en la CTA en Tierra del Fuego. Yo estaba ahí desde 1998, y él se fue a fines a 2004 para estudiar ingeniería industrial y trabajar como maquinista. Él venia de trabajar en Ingenio Ledesma, y ni bien nos conocimos se dio la posibilidad de relacionarnos y de convivir.
 
¿Piensan adoptar?
 
No lo descartamos. Pero la verdad es que no podemos darnos el tiempo. La dinámica de nuestra vida nos lleva a relegar un poco el proyecto de familia. Y tener un hijo implica muchas responsabilidades. Ojalá alguna vez tengamos el tiempo para buscarlo. Sería muy lindo.
 
¿Cómo es compartir tanto tiempo juntos?
 
Tiene sus ventajas y desventajas. Hay cosas de la vida doméstica que no hay quien atienda, porque los dos tenemos casi el mismo nivel de responsabilidad en la construcción política. La ventaja es que no nos sentimos en mundos inconexos. Nos fortalecemos en la coincidencia ideológica y el proyecto común. Lo otro lo resolvemos como podemos. En general a mí me toca la parte doméstica y a él la cocina.
 
Usted encarna el ala izquierda de la coalición kirchnerista. ¿Piensa que las peleas con Hugo Moyano y Daniel Scioli aceleraron el proceso de definiciones dentro del gobierno?
 
Puede ser. Pero pienso que es algo saludable y necesario.
 
¿Por qué?
 
Porque es necesario tener definida la línea divisoria. Es evidente que no todos estamos en el mismo lugar. Hay que volver a los debates de base ideológica: interpelar a todo el mundo, pedir que se ubiquen y dialoguemos desde ahí. No digo tomar posición para agarrar los fusiles y cagarnos a tiros, ¿eh? Conversemos. Y ahí, de cara a la sociedad, veamos en qué cosas coincidimos y en qué cosas vamos a confrontar.