Dom. 17.01.2021
Opinión  |  8 de Dic. 2020

injusticia

Las travesuras del juez Javier Muchnik

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Quizás pasó desapercibido por la cantidad de problemas sanitarios, sociales y económicos, pero el viernes pasado el Consejo de la Magistratura fueguino, capitaneado por el juez del Superior Tribunal de Justicia, dio la orden de poner motores a toda marcha para avanzar, sin más vueltas, con la designación de Ernesto Löffler como próximo miembro de la Corte provincial.  

Horas antes, más precisamente el jueves anterior, el Fiscal de Estado, Virgilio Martínez de Sucre había planteado ordenar el proceso de designación (eso que han dado por llamar concurso, cuando no lo es) antes de continuar. Martínez de Sucre planteo la mesura que no supo asumir el magistrado del alto tribunal al día siguiente: faltan realizar análisis médicos a los candidatos, las impugnaciones las resolvieron en medio de 24 horas, cuando están en juego planteos relacionados con la vulneración de derechos de mujeres y la defensa apasionada de la última dictadura militar, a la vez que el Consejo no había transparentado información sobre los candidatos para que la ciudadanía pudiera participar.  

A Muchnik no le pareció suficiente motivo y el viernes por la tarde se las mandó todas juntas: rechazó cada uno de los planteos sin fundamentos jurídicos ciertos relativizó las impugnaciones contra los candidatos Löffler y Maiztegui Marcó.  

En plena pandemia del coronavirus, mientras Tierra del Fuego mostró los peores índices de pobreza y desempleo de su corta vida, con una tasa alarmante de fallecimiento por covid por cantidad de habitantes, al tiempo que el Poder Judicial estuvo sin trabajar por varios meses, el mensaje por Javier Muchnik es alto y claro: Ernesto “Nene” Löffler tiene que jurar el próximo 16 de diciembre como juez de la Corte.

En Superior Tribunal fueguino entendieron que sumaban a Löffler como juez o la tensión se dirigiría contra ellos. Y entendieron rápido: si no quieres que vengan contra ti, únete a ellos. Gonzalo Sagastume tomó la batuta de ir a la Legislatura a explicar que la prioridad de las prioridades en un año donde hay fallecimientos todos los días es ampliar la Corte de la Provincia más chica del país. Acordaron, como en años anteriores, que la jueza María del Carmen Battaini se iría a Buenos Aires a explicar todo lo que está bien en términos de administración de Justicia, a la par de argumentar que todo eso mismo no es necesario aplicarlo en Tierra del Fuego: Paridad allá y no acá. Concursos técnicos fuera de Tierra del Fuego, pero no dentro de ella. No ampliar la Corte Suprema, pero sí colonizarla políticamente en la provincia.  

Javier Muchnik decidió militar la designación desde el organismo de selección y remoción de magistrados. Fue un poco más allá: se ocupó de pausar la acusación contra el juez Raúl Sahade (el de los mensajitos procaces y cuasi delictivos con la abogada) y de despejarle la cancha al candidato que se comprometió a nombrar.  

La triste realidad es que las travesuras de Muchnik destrozan la calidad institucional del Poder Judicial fueguino. Si ya se había consolidado como un poder estatal al servicio de resolver la situación laboral de decenas de familias y amistades, ahora pasa a convertirse en un poder público corporativo.

Sucede que el contraste con la Justicia Nacional es abrumador: A nivel nacional de pretender profesionalizarla y transparentar sus procesos, incorporar nuevos magistrados y magistradas con un claro perfil progresista y con una basta formación en el cumplimiento de los Derechos Humanos, a la par de reperfilar su clara inclinación a comportarse como un anquilosado poder feudal. Todo lo opuesto a lo que está militando Javier Muchnik.

La triste noticia es que la batahola que están concretando en el Consejo de la Magistratura va a tener consecuencias: una Corte que no se piensa para entender y garantizar los nuevos que se han incorporado en términos sociales y políticos, sino que se entiende como un lugar para el “toma y daca” local.  

Para lograr este triste objetivo hacía falta encontrar un marine que garantice el desembarco y limpiar el terreno para lograr tan detestable causa: allí se destaca Javier Muchnik, y sus travesuras institucionales que van a garantizar la entrega del Poder Judicial al poder económico y político conservador fueguino.  

Quedará en la historia como el vivaracho juez que atentó contra la independencia de la Justicia de la provincia más joven de Argentina. Y lo logró.